martes, 20 de octubre de 2015

La vida como el mar.

La vida como el mar,
impertinente, abofetea el aire
y me ata los pies sin cuerdas.
Me disciplina alejándome el piso
no estoy en el aire,
no estoy en la tierra.
Me ahoga con sus olas enfurecidas
su vértigo de aparecer y desaparecer
en lenguas verticales
latigarme y sumergirme
en sus pesadas sábanas.
Sofocarme con una equívoca caricia.
Sus olas
el peso del mundo tienen
y me roban y me devuelven
para golpearme y arrojarme
a un sinfín de rodar sin pausas.
Así me trata a veces.
No sé si alegrarme o ponerme triste.
No sé si estoy feliz o desdichada.
No llego a reponerme
tan vertiginosa es
tan déspota
me arrastra
me levanta en el aire salado
y me suelta
arrastrando la espuma y la burbuja
y apenas asomo
intento una bocanada
y otra ola me golpea
y me arroja de lado
de frente
de espalda
nuevamente.
No, no hago pie.
No llego a ninguna orilla.
De cerca las rocas me amenazan
como puñales acechantes.
A veces me abren el pecho
y dejan mi corazón lacerado.
Es la luna.
El viento es.
Resistir hasta que cambie el clima
y nadar quedamente
a la arena tibia.


gadsy/malvagris

jueves, 17 de septiembre de 2015

Etiquetas.

Cada vez me convenzo más de que aunque algunas etiquetas nos llenen de admiración o emoción, por lo que representan, o por su historia, las etiquetas en vida son como grilletes, como anclas.

Aun con pesar, mejor es humildemente renunciar a las etiquetas que admiramos.

Alguna vez escribí en algún poema que es honor de pájaro morir de mal vuelo.

El vuelo del corazón o del pensamiento a veces equivoca el rumbo. Pero la vocación de alas no tiene freno. Esas alas pueden lanzarnos al error y lo mejor que se puede hacer es esperar que el golpe no nos mate y que nuestros yerros no sean irreparables.

Otras veces la etiqueta te empuja y te lleva por algún camino que tus emociones o sentimientos no desean transitar. Un abismo sin redes ni cuerdas. Esas etiquetas tienen ojos que te vigilan y te obligan, te amenazan y te expulsan si tus méritos son insuficientes.

¿Lo mejor será coquetear y dejarse seducir por la etiqueta, pero sin entregarse del todo?

Aún con carencias y pesares la vida es tan hermosa que vale la pena dejar cada tanto las etiquetas guardadas en una primorosa cajita.

Siempre vuelvo a la idea de que las etiquetas les quedan mejor a los muertos, cuando ya no pueden protestar ni enorgullecerse.

Y lo mejor es aprender a tomarle la temperatura a nuestra sangre. A veces dejarnos incendiar desde dentro y otras replegarnos, guardar las alas y ver caer las hojas del otoño.

Igualmente siempre es difícil resignarse.

gadsy/malvagris.

viernes, 17 de julio de 2015

Sangre.

Sangre caliente que arrasa mis venas
espesa
negra la sangre hirviente
bulle
y me late la piel
y se me encienden los ojos
y las mejillas hechas brasas
porque la sangre me hierve el alma
me prende fuego los pulmones
me calcina los huesos
y negra me quema las vísceras
el aire evapora
y es la sangre que negra
inunda mis oídos
mi lengua
y me erosiona los pasos.

gadsy/malvagris