Estas arduas pasiones, trabajosas,
dificiles de sostener iluminadas
que tienden a caer y hundirte con ellas
ay, estas arduas pasiones,
cuánta alegría e ilusión rezuman.
Estas arduas pasiones, de iguales,
de acompañarse y celebrar el día
de recogerse a la intimidad
y poblar de susurros la noche,
ay, cómo son de esperadas
estas arduas pasiones.
Y cómo son de atentas
que escuchan con el reloj detenido
con las manos quietas escuchan
y se detienen en las palabras
y sus infinitos sentidos,
así son estas arduas pasiones
de compañeras.
Ay, estas arduas pasiones
que queman mis venas
y conducen mi mirada
a quienes ajenamente tal vez
atraviesan mi día
pero que me clava el alma
en una aurora de durazno, algodón y perlas,
no terminan de consumirme
y no soy cenizas
y así es que siempre sigo en brasas
gozando y sufriendo
estas arduas pasiones
tan conocidas y heredadas por los siglos.
gadsy/malvagris
viernes, 6 de noviembre de 2015
martes, 20 de octubre de 2015
La vida como el mar.
La vida como el mar,
impertinente, abofetea el aire
y me ata los pies sin cuerdas.
Me disciplina alejándome el piso
no estoy en el aire,
no estoy en la tierra.
Me ahoga con sus olas enfurecidas
su vértigo de aparecer y desaparecer
en lenguas verticales
latigarme y sumergirme
en sus pesadas sábanas.
Sofocarme con una equívoca caricia.
Sus olas
el peso del mundo tienen
y me roban y me devuelven
para golpearme y arrojarme
a un sinfín de rodar sin pausas.
Así me trata a veces.
No sé si alegrarme o ponerme triste.
No sé si estoy feliz o desdichada.
No llego a reponerme
tan vertiginosa es
tan déspota
me arrastra
me levanta en el aire salado
y me suelta
arrastrando la espuma y la burbuja
y apenas asomo
intento una bocanada
y otra ola me golpea
y me arroja de lado
de frente
de espalda
nuevamente.
No, no hago pie.
No llego a ninguna orilla.
De cerca las rocas me amenazan
como puñales acechantes.
A veces me abren el pecho
y dejan mi corazón lacerado.
Es la luna.
El viento es.
Resistir hasta que cambie el clima
y nadar quedamente
a la arena tibia.
gadsy/malvagris
jueves, 17 de septiembre de 2015
Etiquetas.
Cada vez me convenzo más de que aunque algunas etiquetas nos llenen de admiración o emoción, por lo que representan, o por su historia, las etiquetas en vida son como grilletes, como anclas.
Aun con pesar, mejor es humildemente renunciar a las etiquetas que admiramos.
Alguna vez escribí en algún poema que es honor de pájaro morir de mal vuelo.
El vuelo del corazón o del pensamiento a veces equivoca el rumbo. Pero la vocación de alas no tiene freno. Esas alas pueden lanzarnos al error y lo mejor que se puede hacer es esperar que el golpe no nos mate y que nuestros yerros no sean irreparables.
Otras veces la etiqueta te empuja y te lleva por algún camino que tus emociones o sentimientos no desean transitar. Un abismo sin redes ni cuerdas. Esas etiquetas tienen ojos que te vigilan y te obligan, te amenazan y te expulsan si tus méritos son insuficientes.
¿Lo mejor será coquetear y dejarse seducir por la etiqueta, pero sin entregarse del todo?
Aún con carencias y pesares la vida es tan hermosa que vale la pena dejar cada tanto las etiquetas guardadas en una primorosa cajita.
Siempre vuelvo a la idea de que las etiquetas les quedan mejor a los muertos, cuando ya no pueden protestar ni enorgullecerse.
Y lo mejor es aprender a tomarle la temperatura a nuestra sangre. A veces dejarnos incendiar desde dentro y otras replegarnos, guardar las alas y ver caer las hojas del otoño.
Igualmente siempre es difícil resignarse.
gadsy/malvagris.
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