jueves, 9 de febrero de 2012

Un metro bajo tierra.

Esta otra canción (también nació canción), simple, torpe incluso, se asomó mientras volvía en colectivo del Hospital Piñero.


Ay, ay, ay, ay, ay
Vos no soltaste a la bestia
La bestia estaba suelta ya.
Podés oírme tal vez
Un metro bajo tierra.

Me dijo que me quiere
Que sin mí se muere
que de tanto amarme
los celos lo torturan
y estallan con violencia
en su cabeza.

Dulces palabras manipuladoras
No las oigas, por favor, no las oigas.

Un poco de culpa tengo
No estaba lista su cena
No era lo que quería
Y él viene con tantos problemas
Con tanto cansancio
Y yo estorbando
Con mi torpeza.

Duras palabras manipuladoras
No las oigas, por favor, no las oigas.

Que lo provoco con mi ropa
Lo enojo con mi arreglo
Que los celos lo enceguecen
Si me miran.
Mi familia, mis amigos,
No lo quieren.

Mentirosas palabras manipuladoras
No las oigas, por favor, no las oigas.

Ay, ay, ay, ay, ay
Vos no soltaste a la bestia
La bestia estaba suelta ya
Agazapada esperó
Ver una puerta abierta.

Ay, ay, ay, ay, ay
Vos no soltaste a la bestia
La bestia estaba suelta ya
Podés oírme tal vez
Un metro bajo tierra.


Malva Gris / gadsy
08 de febrero de 2012

Jennifer.


/Escribí esta pequeña canción (nació como canción, y tiene melodía en 7/8) cuando mi papá estuvo internado en la guardia del Hospital Piñero. Dos camas más allá, Jennifer, una niña adolescente en situación de calle, repuesta de su infección, no despertaba. No había motivos para un sueño tan profundo. Un desayuno humilde se enfriaba a su lado y ella, sencillamente, no quería despertar.

Jennifer duerme,
Jennifer duerme
No quiere despertar.
Resiste arisca
Cualquier ayuda,
La calle ganará.
Gacela trémula
Piel chocolate
Lince salvaje es.
Pimpollo nuevo
Que no florece
En sueños florecerá.

Jennifer duerme,
Jennifer duerme
No quiere despertar.
Jennifer duerme
Duros ensueños
Sin amor y sin paz.
Labios tirantes
De ciruela madura
A punto de estallar,
Crenchas rebeldes
Enmarañadas
Mejillitas de pan.
Jennifer duerme,
En cama limpia
Guardia de hospital.
No pide nada
Y no necesita
Más que su libertad.
Busca la calle
Su fiel amiga
Que la traicionará.
No digas nunca
“hasta mañana”
Sólo por cábala.

Jennifer duerme,
Sueña algún sueño
Que no te contará.
Hosca se hunde
En su silencio
De sal y de oscuridad.
Pequeñita malograda
No puede ni sabe amar
No sospecha, no imagina
Que la calle la matará.

Jennifer duerme,
Jennifer duerme
No quiere despertar.
No digas nunca
“hasta mañana”
Sólo por cábala.

Malva Gris / gadsy
8 de febrero de 2012

jueves, 31 de diciembre de 2009

A los voluntarios que se han ido

Hoy supe de varias banalidades.
Las trae la radio,
pasan atrapadas en marquesinas
mientras mi auto rojo va hacia algún lugar
necesario,
importante,
urgente.
Y yo tras el dócil comando circular
veo pasar los carteles
estridentes,
bellos de tantas líneas siliconadas,
hermosos de tantos colores iluminados,
perfectos de tantas musculaturas broncíneas,
elocuentes de tanto ingenio estudiado.

La radio canta,
la radio cuenta.
Repite,
insiste,
cercena.
Amputa el mundo
y sólo me muestra
la noticia,
según los otros.
La miseria, hoy, no me toca.

Mientras tanto
pasaron los meses.

Yo tras el volante de mi auto rojo,
colándome entre los rezagados,
dejando paso cortésmente,
dejándome fagocitar por semáforos,
barreras,
vidrieras,
parques, autopistas, avenidas.
Sorprendida al paso infrecuente
franqueado por la creciente villa 31.

Mientras tanto
se acababan las horas.

Yo vigilante de las luces rojas
y los transeúntes sospechosos.
Yo cuidadosa de esos de mirada torva,
que se acercan,
equívocos
cuando la jauría me atrapa detenida.
Descartando eventuales estrategias
disuasivas o de escape
ante el innecesario sinsentido
que nos amenaza a ambos.

Y mientras tanto
los minutos se agotaban.

Y yo me dejaba entrampar
por las dicusiones vanas
y las noticias vendedoras.
Reconozco.
Soy cómplice de mi ignorancia.
Yo atravesando la ciudad
con sus paisajes transidos de belleza.
Los árboles con sus hojas
bordando el cielo de la tarde.
Los cables con sus palomas
labrando esterillas en lo alto.
Los charcos con sus edificios,
espejos de otro cielo.
Las luminarias punzando la noche
como astros.
Permanentemente conmovida.

Y yo me sumerjo con las noticias
en ese otro mundo
y por un instante, muy breve, lo hago mío.
No es el único mundo que me es ajeno.

Mientras,
se consumían los segundos.

Yo con mis maniobras
atentas,
distraídas,
certeras,
equivocadas,
controladas,
improvisadas...
llegando siempre.
Dentro o fuera de mi auto rojo.

Mientras,
la sangre se detuvo,
el pecho quedó quieto.
Ignorado.

Y la noticia es sólo la muerte.


Malva Gris / gadsy

30-dic-2009
De "Poemas erráticos"
A la memoria de Mónica Carranza