"Pero amarga es la verdad
y hay que echarla de la boca,
esconderla es necedad,
si es que al alma su hiel toca" (Francisco de Quevedo)
Ayer fue un hermoso día,
pero algunas palabras
que se escaparon de la Historia
gestaron nubes en mi cabeza.
Ayer se desencadenó la tormenta
y me arrastró a las lágrimas
tempestuosas
negadas
escurriéndoseme en el pecho
lleno de culpas que jamás podrán ser lavadas.
Lloraba mi alma sin consuelo
por tantas vidas malogradas.
Pero la verdad sea dicha:
Igual no logro recuperar la calma
como casi siempre.
Pasarán algunos días
hasta que vuelva la alborada
a mi cabeza torturada.
(Perdón a quienes obligo a naufragar conmigo
a quienes arrastro a mis propias tempestades.
Perdón me resigno
porque calma no hallo.)
Hoy amaneció siendo un día hermoso
pero mi ánimo era guerrero
y como dice el poeta
"amarga es la verdad
y hay que echarla de la boca",
no tuve más remedio que escribir
a falta de un rival con quien emparejar
mis dolores y mis culpas
y fueron tormentosas
(desde luego)
mis palabras.
Recuperé algo de mí misma
aquella que puede hablar sin tempestades
y resultó buen exorcismo que echó fuera
los demonios de mi pasado cómplice.
No pudo el hermoso día
conservar su compostura
y la tormenta de mi cabeza
se figuró en nubes grises
revueltas
contorsionándose veloces
arrastradas por mis demonios,
y finalmente
mi llanto contenido
es ahora lluvia generosa,
mi enojo, truenos,
como fueron mis dudas la nubes fantasmales
que expulsaron al sol de la tarde
y nos robaron el atardecer luminoso.
(Perdón por hundir el sol en la negrura
por sumergirlo en el caos bendito de la tormenta.
Perdón me resigno
porque calma
igual
no hallo.)
gadsy / malva gris.
Quien se levanta cada día
y hace cada día las mismas cosas,
quien hace la misma tarea
por un mismo sueldo
y repite las mismas lecciones
en las mismas aulas
frente a los mismos maestros
y camina las mismas calles
recorriendo los mismos caminos
poblados por los mismos rostros,
para quien es lo mismo todo
y nadia cambia pese a las leyes,
la ley, siempre fuera de sus días,
es una anécdota de otros.
Los límites de otros,
los beneficios y el dolor de otros.
Pero un día alguien hace algo distinto
y el que se levanta todos los días
para hacer lo mismo
reir de las mismas bromas
y repetir los mismos pésames
se encuentra con algo nuevo.
Algo que no esperaba y se entera que la Ley
tal vez se interesó en su caso.
Tal vez se sienta importante o melancólico
por perder fugazmente su anonimato.
Un expediente
una puerta que se abre
o muchas otras que se cierran
una ayuda no pedida, carnada de incautos
o una inexplicable travesía por laberintos penales
que lo arrastrará a un sinfín de papeles
de firmas, abogados quizá
esperando su tajada.
Aquel que tropezó con la ley
un día inesperado
que supo que ciertas letras
en un papel
paridas en un recinto
repleto de holgazantes
que viven también de su trabajo,
que se creen importantes
por el poder de alterar
las vidas iguales
de los hombres y las mujeres seglares,
y se sienten con derecho
de arrojar sobre sus iguales días
una avalancha de funcionarios
formularios
horas de espera
colas
tal vez policías incluso
rejas o aislamiento
para romper su igual rutina,
aquel que tropezó decía,
que pisó el umbral
y se internó en la maraña
de expresiones incomprensibles
para ofrecerle o quitarle algo
en nombre de vaya a saber qué capricho,
aquel que tropezó decía,
tal vez no sepa
y nunca se entere
del mecanismo infausto
de acasos y considerandos
que azarosamente se hizo brazo
y le tocó el hombro
entre otros tantos.
Qué saña esa que se gesta
en ignotos motivos
y desde tan lejos,
en la geografía o en los vínculos
extiende su brazo y tuerce
un segundo de los mínúsculos días
de una persona cualquiera
que vive siempre las mismas horas
sin más pretensiones
en paz
en calma
sin sobresaltos.
gadsy / malva gris.
Nota de gadsy / malva gris: la mayoría de las imágenes y metáforas de este texto son de canciones de Paradoxus Luporum.
Escuchando ciertas canciones
reconozco los sentimientos infectos de mi sangre
y veo la cara plebeya de la noche
y siento el virus en la sangre
y sé que no me son del todo ajenas estas palabras
pero tampoco son mías.
Escucho torrentes de palabras
que arrastran ideas enredadas
como bajorrelieves en escudos
o filigranas en empuñaduras.
Tal como el arte de las armas
de los antiguos guerreros.
Escucho yelmo, escucho espada.
Repletos de significados
ebulliendo detalles exquisitos
que me atraviesan
como puntazos de una daga cristalina
tajeándome el pecho en dos,
en setecientos jirones
sangrantes todos.
Guerreros somos
en el fondo,
batallando servilmente
por alquilar un día más
a los dueños de los destinos.
Escucho ciertas canciones
y digo:
todo este tiempo
y somos tantos
latiendo al unísono
corazones gemelos
algo enfermos.
Algo anda mal con nosotros.
Pero "aún no hemos perdido"
me alienta una melodía
y digo:
qué batalla estamos dando
qué pesadilla nos agota sin sudor.
Escucho el Hades
escucho Poseidón
y Ulises en medio del mar sin temor,
y digo:
qué mares estamos navegando
qué dioses hemos enemistado
qué será de nuestros naufragios.
Escucho los acordes y las palabras penitentes
y digo:
es un rompecabezas de mí misma.
Mi cabeza se mece
en cadencias extemporáneas
reconozco mi propio estilo
(por momentos)
y pienso:
es un diálogo lentocon tres décadas de espera
y la respuesta gestándose tras el oceáno.
Escuchando ciertas canciones
estoy y sangro
me fortalezco
y me preparo inútilmente
para la batalla.
gadsy / malva gris.
(Cada vez que escucho algunas canciones de Paradoxus Luporum)